Igual que las respuestas que busca,
Glauca es ambigua.
Nace del fondo y en el fondo.

Glauca dice :¿Por Qué?

Ad Hoc

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Estas Navidades...

Peticiones y agradecimientos…

Si el Amor se Come, se Duerme, se Vive…Yo…
Soy agua y sal. Pero mucho más dulce.
Sajado por una vida vacía e insípida sin el amor de tus postres y llevado a una dulce locura por tu recuerdo en las largas y frías noches de invierno en que no puedes mirar conmigo desde la ventana, me cuelo a veces entre tus delantales para encontrar en ellos el calor de todas las navidades que me he perdido.
Quiero perderme en tus pasillos interiores, bailar en tus hermosos vestidores y comer de tus fogones. Para saciarme en tu antigua cocina y dormirme tranquilo al abrigo de tu pecho con tu pelo negro como única vestimenta. Y, sentir que me hiere el sabor amargo de las lágrimas que derramadas mansamente sobre mi humilde torso.Para así abrir mis ventanas a un mundo nuevo, más grande, el que me muestran tus infinitos ojos sin proponérselo al mirarme con esa mezcla de miedo y amor que te hace tan sublime.
Porque eres mi hogar. Ese que huele desde el pasillo antes de entrar a bizcocho recién horneado, a cena caliente, a ropa planchada y limpia y sobre todo a ti.

Milímetro a milímetro de este extraño tiempo que nos toca vivir, tú sorprendentemente decides estar aquí, a todas horas en lo bueno y en lo malo . Es increíble que algo tan sencillo pase desapercibido para todos menos para mí, y es que es así; me despierto y tú sigues aquí. Siempre junto a mí.

Amor que engendras insaciablemente pucheros que matan resfriados y animan la conversación. Eres esa silla de diseño que todos deseamos en nuestro salón para recrearnos en su belleza y en su perfecta construcción más allá de las modas y los tiempos. Te me antojas ser el diván oferente donde recuesto mis incesantes dudas y mi pequeño cuerpo atribulado. En las noches te conviertes en el sofá que arrulla mis parpadeos, preludio de los sueños mecidos que traes de la mano en la tisana caliente esa de sabor a jazmín, anís y ciruela.

Para estos Reyes no quiero más que miles de sueños que estirar en ese colchón que eres y en el que descansan estos huesos que mueren por ti. Una mesa camilla redonda como tus curvas que arrope mis ansias de vida y caliente mis esperanzas puestas en la vida contigo y en ti. Y mucha, mucha pintura color rojo bermellón brillante, que tiña las tardes, las noches, los días. Que decore las entrañas de las paredes que resguardan esta casa que soy para que en ella puedas vivir.

Para mí nunca dejarás de ser ese amor indescifrado en el que Todo se contiene y tiene y todo para mi es. Tu nombre me sostiene con su amor, con su trabajo, con su dedicación, con su generosidad, con su deseo, con sus miradas, con su andar. No se nace con un nombre, se hace a cada instante. Como el tuyo; soplado de frágil cristal irrompible. Un nombre que combina como los ingredientes de tu cocina; grandeza y humildad, surgiendo de él, el alimento que mueve un futuro escrito en el único horizonte que tengo, con grandes letras que lo gritan abriendo las mañanas y cerrando las noches de todos los días de esta vida mía que comienza y acaba siempre en ti.


Esta Navidad agradezco tu serenidad, esa que en mis días de furia y rabia, no me deja caer y siempre me instiga a luchar. Agradezco tu Sexo hambriento de mi, de mi amor, de mi pasión, de su fusión, con unas afiladas garras, que arrancan encuentros furtivos al cansancio de medianoche, y me hacen sentir tuyo, ser muy tuyo Doy gracias querer recoger mi alma, por haberla visto en los estantes del supermercado donde esperaba loco y ansioso tu paso temblando de miedo ante tu indiferencia. Mil gracias por vestir con el deseo de tu mirada el desfile mi cuerpo desnudo, erecto y caliente por el salón.

Para mi, pertenecerte y necesitarte es mi meta, mi ilusión y mi empleo a jornada completa. Soy tuyo, no hay vuelta atrás. Así que alíñame, cuéceme, párteme, caliéntame o enfríame. Haz caldo con mis tuétanos, paté con mi hígado o tortilla con mis huevos

lunes, 13 de diciembre de 2010

Otra Felicitación Navideña





Otra Felicitación Navideña.
La noche anterior a cinco mil Km. de distancia, con su melodiosa voz incluso a través del teléfono, le había prometido una felicitación navideña diferente. “Una nueva experiencia”, había sido la definición escogida por ella para describirla. Por su parte, él llevaba una semana buscando una bonita frase, y un adecuado soporte para felicitarle las navidades, hasta que encontró la tarjeta ideal en la que escribió con letra firme cuánto la amaba y cuánto deseaba estar a su lado. Lo que no encontró esa noche, fue la calma ni la información suficiente para aplacar la intriga y la excitación en que lo sumió aquella extraña promesa.
Era ya tarde cuando cruzaban ambos la puerta de su casa y un olor a Navidad los invadió reconfortándolos de tanto ajetreo. Dejaron a maletas de ella en la entrada y se sentaron en el sofá deleitándose por fin los dos solos.
Pero la paz no duró mucho. Ella tomando la iniciativa, cogió su mano y, levantándolo dulcemente, recorrió el breve trecho hasta el dormitorio.

- ¿A donde me llevas? - dijo él divertido con el pronto
- Voy a darte mi felicitación Navideña.-Le repondió ella con un destello prometedor en los ojos.

La luz que atravesaba la persiana apenas iluminaba su sinuosa silueta y a cada contoneo de sus caderas que se movían al ritmo de la música, alguna gota de sudor de las que perlaban su espalda, brillaba en sus pupilas quedándose allí rutilando largo rato. Su melena dispersaba en el aire más que un perfume, una sensación que invadía ahora, otro de sus sentidos, haciéndole soñar, crecer y creer que nada de aquello podía ser real.

Tumbado en la cama aún asimilaba la escena en la que ella sin mediar palabra, entró por la puerta, lo enganchó de sus labios y lo dirigió sin ninguna resistencia al dormitorio, donde en lo empujó sobre el colchón, puso música y se desnudó como una profesional del stress tes. Con media vuelta de su largo cuello, clavó sus negras pupilas en las suyas con tal ardor que secaron las gotas de sudor que aun guardaba frescas en ellas. Secaron el sudor y calentaron, hasta hacerlas hervir, sus ganas. Mechones de pelo pegados a sus hombros eran separados parsimoniosamente por aquellas uñas de rojo escarlata, como si el tiempo no existiese, aunque fuese realmente apremiante. No pudo. No quiso evitarlo. Se tocó. Se cogió la polla con ganas, bien agarrada. Se tocaba, se tocaba fuerte, ágil, con ritmo, y lo hacia porque no quedaba otro remedio. Obligado a permanecer tumbado boca arriba con las piernas abiertas, sin poder ni tan siquiera rozarla, sentía que se le salían el deseo por la boca, que salivaba en exceso como su pene convertido en una escultura de acero con la que tan solo deseaba atravesar aquel culo que desvergonzado se balanceaba ante él, inmune a su ya casi dolor.
Sonrieron de una forma, sus ojos de terciopelo negro, casi perversa. Bajó la cabeza pero no la mirada que seguía enganchada de la suya, y, aunque él hubiese dado lo que fuese por que lo que chupase a continuación con tantas ansias fuese otra cosa, para su desconcierto, fue el pie por lo que su lengua roja, caliente y húmeda se decantó. Lo succiono, lo chupo, lo mordió arrancándole un gemido lastimero y hasta humillante, Mientras, su mano no tuvo mas remedio que acelerar el ritmo que imprimía a su polla de acero a punto ya de un espasmo gigantesco.
Llevaban así ya media hora y según sus cálculos ya no quedaban muchas partes de su cuerpo por las que ella no se hubiese restregado, lamido, arañado o estrujado siempre con esa sonrisa malévola, siempre con esa gota de sudor que como un espejo reflejaba su deseo, siempre con sus labios mojados, mórbidos, dulces.
De nuevo contemplo como erguía su cuerpo, dándole la espalda. Sintió que la desesperación se apoderaba de él. Tenia terminantemente prohibido correrse, así que aminoró el pulso y apretó los dientes sosteniéndose cuanto pudo.
De espaldas cogió su pie y como siempre, lenta, muy lentamente, lo poso sobre su glúteo, animándole con un gesto inequívoco a apretarlo y a introducirlo levemente simulando que era lo que el quisiera tener en ese lugar, de una vez por todas.
Su respiración ya no era rítmica, se entrecortaba, se estremecía y se impacientaba. Se arrugaba como su cuello, dolorido de levantarlo para contemplar semejante espectáculo, sin poder perderse, embrujado como estaba, ni un solo movimiento de aquellas enormes caderas que parecían querer romperse en uno de sus ondulaciones.
No resistía mas, Estaba seguro de ello. Se sentía incapaz de refrenarse y dominarse ni un minuto más. Trascurrieron unos minutos eternos en los que ella le distrajo bailando a su alrededor sin que él pudiese desviar la mirada de ella ni un instante.
Ella calculaba el momento justo en que él sintiese que la urgencia era inminente, pero que también podía resistir un poco más.
Entonces fue cuando sus labios, más gordos, más rojos, mas sabrosos que nunca, bajaron hasta la mano que antes ocupara tan concienzudamente y, mientras que con severidad burlona le reñían sus ojos, por los reiteradas tentativas de su mano de volver a ocuparse de su miembro solitario e inhiesto, retiraba a un lado con dulzura pero con firmeza, su mano agarrotada, dejando libre el objeto de sus deseos. De pronto, él sintió temor de que todo se quedase en eso, y, expectante observó los ojos de ella de nuevo, en busca de una respuesta.
Pero ella andaba ya empleada en su nueva distracción. Ahora miraba con afán conquistador su nueva presa; un sonrosado y brillante capullo exasperado a punto de reventar. Lo contempló unos eternos segundos y más lentamente que nunca, recreándose perversamente, acerco esos labios voraces de pecado hasta él, posándolos como si se fuese a romper. La imagen taladró con fuerza el cerebro de él tentándole a empujar aquella preciosa cabecita loca sobre su polla hasta que se atragantase con ella. Sospechaba que de lo contrario moriría de amor allí mismo convertido un charco de sudor, saliva y semen.
Intuyendo un final poco satisfactorio y anticipado, ella se precipitó repentinamente sobre toda la longitud de su miembro lamiéndolo, mordiendo suavemente, agarrando con fuerza y precisión sus huevos prietos. El sólo pudo cerrar los ojos y reclinar la cabeza si no quería encloquecer.
De pronto el ritmo volvió a cambiar .Ahora notaba una pequeña succión seguida de otra, y otra. Y Otra. Alzó su rostro hacia el de ella con mirada perturbada. Sentía como pequeños mordiscos, como constantes y repetidas tentativas que se vean cortados radicalmente, de correrse. Vislumbró su rostro hermoso, apenas iluminado aunque lo suficiente para poder ver sus pupilas dilatadas, su boca abierta hecha agua con su pene dentro de ella.
Succiono una y otra vez, Ahora más aprisa, más profundo más aprisa, mas largo, Enervado, crispado totalmente, seducido y alindado gritó de pura satisfacción imaginando un final sublime.
Y entonces, sin previo aviso, ella paró en seco.
Paró en seco dejándolo amarrado a su deseo, como tonto, enganchada su mirada de su boca que ahora limpiaba con un solo dedo como si ya hubiese tenido suficiente de algún a atracón de chocolate y eliminase los restos.
Suplicó como un niño, sin decir nada, solo con sus quejidos. Ella volvió a contonearse un segundo y después se acerco a él, besándole profundo, oscuro, muy hondo en su alma, en sus ombligo, en sus huevos.
Ahora se situó a horcajadas sobre él, y pasó su mano por detrás de su culo oprimiéndolo. Y en un descuido en que él cerró de nuevo los ojos casi para parpadear, ella lo montó, ágilmente, como en un gesto mil veces aprendido.
Dolor. Placer.
El mundo enmudeció. La música, ceso. Unas galopadas diestras, intensas, le convencieron y creyó que si se corría en ese momento, sentiría algo tan único, tan fuerte y pasional que brotaría sangre en vez de semen por su pene, que se desaguaría allí mismo, y se desparramarían s los intestinos, el estomago, y, detrás el corazón.
Ella arreció el galope entusiasmada, maestra. Y entonces, algo, supuso él que uno de los dedos de ella, entró en su ano arrasando su vida. Un grito acompañó aquella entrada triunfal, junto con unas garras que desollaron su piel.
- Feliz Navidad -Le susurro al oido.

No había nada más. Pero esto era el Todo.

Poco después, más calmados los dos, él se levantó y fue hacia un cajón. Sacó un sobre color oro, se lo mostró a ella que sonrió haciendo amago de ir a cogerlo. Entonces él de improvisto, rasgo en dos el sobre. Ella sorprendida encontró una sonrisa ladeada y una mirada lasciva al mirarlo, que le recorrió todo el cuerpo de punta a punta.

- Verás ahora mi felicitación, princesa. - Fue lo último que puedo oír ella antes de ver las estrellas.
Navideñas eso sí.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Relato; La escalera.

" LA ESCALERA"

Violación; Indica que ha existido un quebrantamiento de origen sexual, el cual menoscaba la dignidad humana y atenta contra el derecho de libertad sexual, siendo definida como violación todo contacto sexual con cualquier persona que no puede (incapaces mentales, menores de edad o personas inconscientes) o no quiere dar su consentimiento.

Todo ha terminado.
Es la segunda vez que al decir esto siento que se cierra un capitulo de mi vida.
Se cierran episodios y se abren abismos.

El primero de ellos me asomó empujándome después, al pánico y al terror más vacío que puede existir. Fue entonces que conocí la duda que corroe más que el acido, la incomprensión de todo lo que había estado claro hasta ese momento, el dolor más hondo que se unía a la soledad más desierta. Supe que era eso de; El rojo cuajado que derrama un cuerpo inerte. Solo quedó como recurso para mantener la cordura, la búsqueda constante de respuestas que calmasen los espasmos de un alma inquieta y confusa que se negaba a permanecer en un cuerpo violado hasta la medula de su corazón y en un estomago que vomitaba constantemente ilusiones negras y podridas.

El segundo abismo me abre en canal a la vergüenza de verme reflejada como nunca quise ser, en el espejo de la venganza que a todos nos pinta deformes e indignos aunque en este caso también soberbia. Orgullo, pecado capital, que también tendré que pagar, por haberlo conseguido, por haber llegado viva, por creerme con la autoridad suficiente de impartir justicia y sentir que, en parte, en una minima parte, el equilibrio del universo esta ligeramente restaurado de este modo.

Todo se fraguó después. No durante. El durante apenas es un suceder de imágenes, un intento de huida, y algo de dolor. No todo. El dolor llega después.
Después. La noche después, las noches de después… no se si llegaron… Todo fue oscuro desde el instante en que su mano se hundió como una daga en mi. Después... Sí, sé que hubo mañanas y más noches porque todas y cada una de ellas las viví con angustia. Y mientras sientes , aunque sea angustia, estas viva. Aunque no lo desees.



Nunca me dejaron en paz. Sus ansias de mí eran perennes. Se paseaban por mis sueños desde que se concebían tímidos y temblorosos, hasta que morían pocos minutos después, inconclusos y planos. Desde que volvían a comenzar sobresaltados y volvían a morir cada vez mas asustados…Una y otra vez, una y otra noche.
Fue durante alguno de esos “después” que deseé con todas las venas que recubren mis intestinos que su estancia en el infierno fuese como mínimo una octava parte de lo que ha sido la mía y que esto los desgastase tanto que perdiesen las ganas de meterse sin invitación en mis sueños. Y en los de otras. Así pues...ya se sabe el dicho; “Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”.

Si me preguntasen por qué, les diría sencilla y friamente que porque tengo presente aun hoy y creo que siempre, su sabor a carne putrefacta pegado en el cielo de la boca, que aún creo sentir el escozor que en mis ojos produjo su sudor y oír el sonido de la carne desgarrada, asi como el tan, tan, hueco que produjo mi vientre convertido en un saco roto y vacío de vida pero lleno de golpes. Que sé que reconocería su risa entre mil como una madre reconoce el olor de su hijo entre cientos. Y eso es insoportable. Porque ese olor yo nunca lo podré conocer aunque sí que lo puedo reconocer como el de los cristales rotos.
Porque en ocasiones sin venir a nada, me asalta su desfile valiente invadiendo por la fuerza mis pupilas mostrándome sus almas cobardes, deformadas por la lujuria, la avaricia, y el miedo a través de sus ojos vidriosos y glaucos, enrojecidos por el esfuerzo y la tensión. Porque yo no tengo que hacer ningún esfuerzo en recordarles. Porque llevo años bajando los peldaños de una escalinata sin luz a la que ellos me invitaron. Se merecen pues que yo les invite a un magnifico billete a un abismo similar en el que puedan vivir sin poder escapar recordándome sin saber quien soy, cada segundo del resto sus tristes y miserables vidas.

Hoy por fin hemos terminado.
Ya esta todo hecho y ya saben que jamás podrán hacer un desfile más ni en publico ni en privado. Siento ahora con esta certeza, como mi boca se sala, como mis dientes se afilan y como el picor de las cicatrices se aviva, al pensar en sus deseos mutilados en su hombría deshecha, en su ruina total…en definitiva en sus vidas arrastradas que, si antes eran indecorosas y sucias, ahora los secuaces del poder de la envidia y de la traición conocerán la escalinata roja por la que me hicieron bajar y con suerte cuando repten por ella, llorando y suplicando, tal vez, quizás, un relampagueante rayo de luz ilumine sus cerebros descompuestos y crean necesario un poco, sólo un poco de arrepentimiento con el que poder untar sus pollas avinagradas, colgantes y muertas hallando así un bálsamo que pueda aliviarles la conciencia de lo hecho.

Creo, he llegado a creer, que merezco relamerme a gusto ahora. Porque me robaron. Me robaron mi vida, que ya nunca supo a algodón rosa, mi inocencia que se mudó al país de nunca jamás para siempre jamás, mi salud que se convirtió en su recordatorio mas vivo, mi dolor que adquirió nuevas dimensiones. Pero sobre todo me robaron la visión, el placer, la esperanza y un nombre. Dejaron a mis pies una escalinata que no tuve mas remedio que bajar y que me condujo a ese primer abismo donde los aullidos te sorprenden a cada minuto, en cada recodo, debajo de las sabanas, en brazos del amor, sóla y acompañada recorriéndote la espina dorsal e incrustándose en el cerebro como rayos. Dejaron como la baba de un caracol gigante, un mundo negro y pegajoso tras de sí, donde sólo soplaba aire frío y en el que los sonidos no existen. Dejaron miedo a las esquinas, a la manos que recorren tu cara, a los susurros en el cuello, miedo a respirar, a llorar, a hablar, miedo a mi propia belleza, miedo a mi nueva fealdad, miedo a todos.

Pero lo que nunca supieron es que dejaron algo más. Debajo de tanto miedo, escondida, reía sombría con su risa desgajada, la rabia. Rabia que se convirtió en mi amiga en sustitución de todos los amigos perdidos y los que nunca hice. Mi mejor amiga me llenó el estomago de piedras que me sostuvieron cuando me asomaba a las ventanas deseando realizar mi ultimo vuelo. Mi amiga me enseño a sonreír sin ganas a hablar con los dientes cerrados, y no decir nada, a lucir sinceramente bonita para engañar. Me aconsejó soltar amarras para que pudiésemos elevarnos y decidimos tirar por la borda los escrúpulos, la vergüenza, la timidez, la esperanza… y nos levantamos libres, ágiles sobre todos esos parajes grises, en que se movían mi pies desde aquella noche.
Hoy es necesario que mi amiga y yo nos despidamos.
Se abre ahora pues este segundo abismo vergonzoso en que vuelvo a estar sóla sabiendo que sin ella estaré desprotegida, y que ya podrán dañarme de nuevo las manos, los hombres, las mujeres, los nombres no nacidos, los susurros en la nuca, las manos trenzadas, las confidencias, el amor…

Considero que la definición del comienzo está inconclusa. Faltan palabras. Algunas las he escrito yo aquí. Pero estoy segura que todas aquellas a las que hayan obligado a caer por esa escalera, podrán completar el resto.

Para todas las que bajan la escalera de rojo cuajado;
Sabed que existe el rojo bermellón.

martes, 9 de noviembre de 2010

Cosas que hacer antes de morir.

No creía yo que hubiese tanta literatura sobre esto. Al parecer a muchos nos gusta recrearnos pensando qué puñetas podríamos hacer antes de terminar nuestros días aquí, en la tierra.
Y lo entiendo. Es tentador. Resulta algo parecido a pensar en qué hacer si nos toca la lotería. Imaginar posibilidades casi infinitas. Un campo abierto donde liberar nuestros deseos sin que nada ni nadie nos ponga trabas. Soñar con la felicidad. La nuestra y la de los demás.
Pero si vamos a pensar en qué hacer antes de morir ese campo, esas posibilidades, se vuelven inmensas, porque no sólo no tenemos trabas, sino que si decidimos hacer algo que no es del todo correcto, cabe la posibilidad de que no nos pase nada, de que las consecuencias no nos alcancen o nunca ocurran.¿Quien nos va a reprender? ¿A quien dar explicaciones? ¿Quién amonestará nuestra conducta? Interesante, ¿no creéis?
Llevo tiempo documentándome sobre este tema, sobre lo que al ser humano interesa más, lo que desea antes de… y la verdad es que casi todos ambicionamos lo mismo apetecemos lo mismo, aspiramos a lo mismo, suspiramos…por lo mismo, nos encaprichamos de lo mismo antes del desahucio. ¿Dónde reside la diferencia entre unos y otros? ¿Existe dicha diferencia?

La otra noche me armé de valor y visualicé una película que ciertamente llevaba tiempo en la lista de películas para ver, pero que me daba algo de temor hacerlo. Pero lo hice. Me dio en que reflexionar. No más de lo que pienso normalmente. (Seria difícil y contraproducente, la verdad) pero cavilé. Medité sobre si lo que prima en este caso es la satisfacción personal, si lo que deseamos es dejar un buen recuerdo tras nosotros, si anhelamos donar algo de nosotros o legar algo material o espiritual. Dejar un rastro visible, palpable, una última y desesperada pretensión de ser algo más que polvo en unos meses. Si nuestro propósito estriba en ofrecer un gran regalo antes de marchar a quien sabemos que lo desea fervientemente, si nos place hacer una gran obra que sea alabada y admirada por muchos…

Veamos ahora algunos ejemplos de lo que las personas ( me incluyo...la lista es mía) aspiran a conseguir antes de morir. Ejemplos que no se adaptan a las circunstancias que hemos expuesto pero deseos al fin y al cavo. Muchos ya habrán conseguido algunos y por ello los felicito. No les restéis valor por eso. Quizás ese punto para otra persona sea un imposible o el sueño de su vida.
Es una bonita lista a la que hacerle muescas en los laterales. Sentiros afortunados por cada muesca.

1. Ir a un concierto masivo (Rock/Pop/Música Clásica etc.)
2. Aventarse un “maratón” de películas con los amigos todo un día completo.
3. Ir de campamento a un bosque o montaña durante toda una semana.
4. Hacer una fogata en la playa y charlar durante horas.
5. Tomar un baño a la luz de las velas con alguien especial.
6. Saltar en paracaidas

7. Limpiar atrás del refrigerador (¿esto cómo que ni al caso no?)
8. Besar apasionadamente a alguien que te gusta y acabas de conocer.
9. Apostar en Las Vegas tu sueldo de todo un mes.
10. Tener 4 orgasmos en una sola noche.
11. Construir un Igloo o una casita en el árbol y dormir ahí toda una noche.
12. Cantar en voz alta mientras conduces sin importar que la gente te mire y te oiga, o gritar en la calle a pleno pulmón ; Te quieeeroooo ¡¡¡
13. Adoptar un niño.
14. Bañarte en una cascada.
15. Aprender a tocar un instrumento y obtener un documento que certifique tu grado de habilidad.
16. No dormir durante dos días seguidos.
17. Contarle a alguien la historia de tu vida, sin ocultar ningún detalle.
18. Entrar de noche o dormir en una casa embrujada.
19. Patinar sobre un lago congelado.
20. Donar sangre.
21. Pasear en elefante.
22. Aceptarte tal cual eres.
23. Comprarte algo o muchos algos que en realidad no necesitas.
24. Tener un hijo.
25. Hacer un streaptease antes de quedar desnudo y ver el deseo en los ojos de quien te mira.
26. Mirar la Aurora Boreal bien abrigadita
27. Tener un incontrolable ataque de risa, en el peor momento
posible.
28. Preguntarle a un extraño si se acostaría contigo en la primera noche.
29. Tener una conversación profunda y reflexiva con un indigente.
30. Sentirte feliz por como es tu vida, aunque sea sólo por un momento.
31. Bailar con un extraño en un país extranjero.
32. Casarte.
33. Actuar en una película u obra de teatro.
31. Vivr en Australia una temporada
24. Cocinar una cena sin los ingredientes apropiados y que te salga bien.
35. Vivir en un crucero por más de una semana.
36. Montar a caballo tu sola.
37. Formar parte de un equipo deportivo y ganar.
38. Sentirte bien, muy bien, fisicamente sin dolor , sin angustias, sin temores..
39. Escribirle una carta a los Reyes Magos
.
40. Construir tu propio web .
41. Regalarle a alguien algo de gran valor para ti.
42. Viajar en globo.
43. Hacer una gran fiesta que dure por lo menos 3 dias en la que nada falte , a la que asistan todas las personas que tú quieras, y en la que lleves puesto el vestido de tus sueños..
44. Pasar año nuevo en una ciudad exótica y en otro continente.
45. Dejar tu trabajo para seguir un sueño.

46. Lanzarte de un trampolín de 10 metros en una piscina olímpica.
47. Ir a un bar donde hagan streaptease o cosas muy guarras..
48. Pintar, esculpir todo el día y vivir de tu trabajo.

49. Mirar a través de los ojos de un niño y ver reflejada tu sonrisa y a ti mismo.
50. Aprender a surfear o a esquiar en la nieve.
51. Ver a un grillo aparearse y entender que es lo que está pasando en realidad.
52. Aprender a decir: “Sí” cuando en realidad quieres decir : “No”.
53. Leer un libro en una sola noche.
54. Permanecer toda una noche sin luz artificial.
55. Agarrar con tus propias manos un animal al que le tengas miedo como una araña o una víbora.
56. Permanecer afuera toda la noche para ver el amanecer.
57. Emborracharte y no recordar nada al día siguiente.
58. Comprarle a tu gente aquello que sepas que desean y darselo en una sorpresa.

59. Dormir toda la noche en una playa.
60. Ver un eclipse.
61. Visitar el lugar donde nacieron tus tatarabuelos.
62. Visitar todos los continentes.
63. Conducir velozmente un fantastico coche.
64. Jugar al poker toda la noche y no irte a tu casa hasta que hayas perdido.
65. Tener sexo en la oficina o en la escuela.
66. Hacer un trio
67. Invitar a todos tus amigos a cenar para luego enviarles una lista de todo lo que se comieron. 68. Ser un estudiante universitario y terminar una o vairas carreras.
69. Ir a un zoológico y tocar todos los bichos y permitir que los monos te quiten algo.
70. Conversar con un loro.
71. Inventar algo.
72. Correr monte abajo al atardecer..
73. Dar más de lo que podría considerarse tu límite de caridad.
74. Irte de “Mochilazo” a algún país extranjero.
75. Tener sexo con alguien 10 años más grande o 10 menos que tu.
76. Ir a la ópera.

77. Pasar todo un día comiendo “comida basura” sin sentirte culpable.
78. Darle el beso de las “buenas noches” a alguien en París.
79. Coger y decir lo que quieres decir, a todas esas personas que lo merecen..
80. Volver a Venecia.Y pasear, pasear, slair a cenar, montar en gondola, tomarte un café a solas contigo misma en la plaza de S.Marcos...
81. Nadar con delfines.
82. Bucear.
83. Cambiarle el pañal a un bebé.
84. Contarle a alguien tu fantasía favorita.
85. Escuchar la frase “te amo” y tener la certeza de que quien te lo dice lo siente de verdad.
86. Ponerte a bailar como te de la gana sin importar que te estén mirando.
87. Besar a alguien a quien no quieres besar pero que desea que lo beses.
88. Robar algo de la calle sin que te pillen
89. Sacarle conversación a alguien desconocido tal y como si lo conocieras de años.
90. Besar a alguien bajo la lluvia y empaparse. Del beso y de la lluvia.

91. Un imposible, Morir sin hacer sufrir.

92. Aprender lenguas extranjeras.
93. Hacer un viaje sin un destino en particular.
94. Que te hagan un book de fotos donde salgas estupenda y te puedan recordar así.
95. Ver ballenas en su habitat natural.
96. Estar, habalr compartir un tiempo bueno con todos aquellos a quien amas.

97. Ir a un carnaval vestido o disfrazado para la ocasión.
98. Escribir y publicar un libro.
99. Procurarle a alguien la cura, las medicinas o el tratamiento que necesite sin importar lo que cueste.

Volvamos a la tierra
Se impone la necesidad de escoger. Tenemos límites temporales y materiales. Pongamos por ejemplo que disponemos de un año y que nuestras posibilidades económicas son las que son actualmente y nuestras circunstancias personales también. Sepamos que de ese año por lo menos los últimos tres meses sean de mala calidad, así que… decirme; ¿Qué queremos hacer antes de morir, conociendo estas circunstancias?
Y decirme… ¿Responderíais lo mismo, mantendríais lo dicho, si os dijese que en lugar de un año disponéis de tres meses?
¡Como oscilan, como se tambalean los puntos escogidos¡ Que difícil elección…¿verdad?
Pues señores, no es que tenga el día nublado ni haya caído en las redes de una gigantesca depresión esta tarde, tan sólo es que señores… ¡Nunca se sabe!
Así que si me aceptan un humilde consejo...una de las cosas que podríamos empezar a confeccionar es el siguiente punto;

100. Tomarte el tiempo necesario para hacer tu propia lista de “Las 100 cosas que te gustaría hacer antes de morir”.

Y hacerlas
. Porque recordar siempre;


jueves, 14 de octubre de 2010

Mujeres

Mujer...
Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella
.
Siempre he pensado que la mujer es lo más hermoso que ha creado la naturaleza. Y con el paso del tiempo me reafirmo en esta opinión. No hay más que salir a la calle y mirar como un pintor mira el escenario a retratar.
Me parece lo más completo de la creación, no sólo en su envoltura, sino en su contenido y en su capacidad. Un contenido capaz de llevar la humanidad dentro. Una capacidad de dar y ofrecer un mundo .
En la facultad, cuando dibujabamos del natural, teníamos a nuestra disposición tres modelos femeninas y otros tres masculinos. Tendríais que haber visto la gracia de aquellos cuerpos más o menos hermosos según gustos, adoptando diversas posturas para que los retratasen nuestro torpes carboncillos.
¡Que decepción los resultados al compararlos con lo que teniamos delante! Aunque hoy en día mirándolos detenidamente, aún se aprecia en ellos, aún puedo ver esa gracia, esa maravilla, la flexibilidad de aquella chica malhumorada de pelo corto que llegaba a la facultad en bicicleta y nos miraba desafiante y tímida a la vez desde el escenario donde nos ofrecía durante horas, en invierno y en verano la obra del escultor más sublime del universo entero.
Su novio también posaba para nosotros. Largo, hermoso, pero frio. Celoso. Aparentemente indiferente.Superior. Ella en cambio, tan sólo al respirar nos imantaba a todos.Movia levemente su vientre , temblaba su ombligo, y su piel blanca, seguramente helada, nos dejaba estelas... rafagas de belleza que aún me tienen cegada.
Posaba una rodilla en una silla para cambiar la postura y la piel de sus rosados muslos se tensaba... sus senos, dejando la seguridad de antes, vibraban con timidez, dejandose caer como pellizcos de nata dura...
Que maravilla era... y seguramente es. Porque ese es el caso; que no logro ver una mujer fea. Todas se me antojan simplemente preciosas.
En invierno con las mejillas sonrosadas por el frío, caminando sobre los altos tacones de sus botas, cubiertas con gruesas bufandas que prometen delicados cuellos que morder.
En verano desnudando sus hombros, olvidando el sujetador en cas, trasluciendo la linea del tanga, con la marca del bikini señalando el blanco...Así las infinitas pestañas de esta, el oscuro del iris de aquella, esa cintura generosa, esos pezones tan pequeños, la piel de terciopelo moreno, unos dedos largos, delicados, esa vena del cuello, el lunar del brazo, su olor impreso en tu memoria, ....
Sólo les exigo una cosa, sólo una las hace entrar en la categoria de diosas. Algo que se pierde por momentos, algo esencial que forma parte del espíritu de cada una de ellas, algo con lo que se nace y que nadie sabe definir, algo que tienen las que han vivido.... .Elegancia.

viernes, 8 de octubre de 2010

"De lo Mejor y lo Peor " 6


PRIMERA PARTE

Capitulo 6 ; Yaiza

Para Yaiza, la vida nunca fue fácil. Ni tan siquiera sencilla. Y aun seguía sin serlo cuando creyó que su suerte había cambiado aquel día de verano que decidió salir con una miga y las amigas de esta .
Todo ocurrió una tarde en casa de esta amiga, de nombre Carla. Tras recogerla en su casa, Yaiza y Carla se dirigían a cas de esta última donde esperarían la llegada de Ana, una conocida suya que venia de Sevilla a pasar el fin de semana en casa de Carla. No tenían muchos planes para esos dos días, pero confiaban en que una vez reunido el grupo de amigos, algo surgiese como casi siempre ocurría.
El rostro de Yaiza, su persona en si, no podían menos que resultar ligeramente etéreos, aunque su piel suave fuese de oscura arena y su pelo cortísimo y aun así, salvaje de negro color y dorados reflejos. Provenía de las islas pero llevaba viviendo en Granada muchos años después que sus padres decidiesen trasladarse por motivos laborales. Todos los días echaba de menos aun cuando apenas lo había vivido, las vistas de su casa de color Blanco, el viento que soplaba con fuerza día si día también, el silencio y la soledad. Y fueron dos de estos elementos, el aire y la soledad, los que ayudaron a Yaiza a ver y a oír más de lo que el resto veía u oía. Ella creía en algo mas no por convicción o fe, sino porque sus sentidos eran testigos de que “eso” realmente estaba allí y era real. Nunca se asusto por ello. Para ella era algo más de si misma, lo que no eliminaba de la ecuación que siempre tuviese la incomoda sensación de estar fuera de sitio, de llegar tarde a todas partes, de ser la excepción, el bicho raro. Aun así, nunca hubiese cambiado ese sentir por sentirse normal .Lo que si que hubiese cambiado fue el acontecimiento que arranco de ella esa capacidad y que guardaba tras una gigantesca puerta custodiada con mil llaves en su corazón, tras la que se encontraba el pozo mas oscuro tenebroso y silencioso de su vida. Ella era así y sentía que llegar mas allá, la enriquecía y le daba una visión mas transcendente de la vida, o de cualquier situación.
Pero esto no era sólo lo que hacia diferente a Yaiza. Algo que también anidaba en ella y que nació a su par, era la ambigüedad. Sentía siempre, amaba siempre, se inclinaba siempre por la ambigüedad. Vivía con verdadera incapacidad para definirse en algunos aspectos vitales que los demás por suerte tenían más que claros. Este estado tan inestable, ocasionaba en su día a día verdadero quiebro y en su vida grandes amarguras. Yaiza podía amar en un segundo con la fuerza y el calor de un volcán a un chico o a un a chica. Y lo hacia con absoluta sinceridad y entrega. No sabia de qué dependía esto, pero ocurría de modo instantáneo e incontrolable para ella. Y de igual modo desaparecía, pero desgraciadamente nunca sabia cuando, si en una mes, o en cientos de años. Ahora; mientras durase, ese sentimiento hacia de Yaiza una persona entregada, amantísima, convirtiéndola en la más obediente de los soldados capaz de matar por amor si de una orden de su amado se tratase.

Así pues, eso fue lo que ocurrió por tercera vez en sus breves años aquella tarde en casa de su amiga Carla.
LA puerta de la calle se abrió y por ella entraron Ana acompañada de Elvira trayendo esta a su vez, su boca de golosina, sus ojos de cómics manga y su liquida risa de agua.
Para Yaiza no hubo escapatoria alguna; quedó prendada de Elvira desde exactamente el primer segundo en que entro por sus pupilas su imagen perfecta y calida.
Yaiza nunca fue la alegría de la fiesta, pero la presencia de Elvira la acabo de apagar. Por dentro en apariencia. Porque su interior temblaba y sentía que de pronto sus órganos habían cambiado de sitio, pero por fuera su boca se secó y apenas consiguió pronunciar palabra en toda la tarde.
Al contrario de lo que pudiésemos imaginar, la actitud de Yaiza atrajo la curiosidad de Elvira que siempre sentía la imperiosa necesidad de acercarse a los bichos raros. De reojo observaba su inexplicable turbación y su patológica timidez. Le agradaba como movía su cuerpo espigado y sin curvas. La levedad de sus pechos sin sujetador vibrando ligeramente a través de aquella camiseta de tirantes la imantaron obligando a su ojos a c pasearse por sus los bordes, lo que para martirio de Yaiza no pasó desapercibido.

Al caer la noche, cayeron también todas las defensas de Yaiza para con Elvira. Supo que no tenía remedio y que si quería ser coherente consigo misma, debería intentarlo. Esa noche o cualquier otra, pero ella debía saberlo.
Tras una frugal cena, mucha laca y más risas salieron a la calle para reunirse con el grupo de amigos de Carla, Elvira y Ana. Yaiza no los conocía por no haber tenido ocasión en el poco tiempo que conocía a Carla de salir conillos, pero estaba contenta de que la reunión se agrandase y así poder de ese modo disimular algo más su inquietud.

Quedaron en la puerta de un conocido y muy en boca local. El grupo lo formaban dos chicas mas , Sofía y Leonor y tres chicos Héctor, Luis y Arturo. Al parecer primos. No quiso preguntar mas para no parecer indiscreta, pero Yaiza sentía curiosidad por verlos y conocerlos.
Con firmes tacones y risas abundantes, las cuatro bellezas subían la cuesta que llevaba hasta el local con nombre de rey árabe.
Como siempre ocurría, un vientecillo calido y juguetón se paseó pocos minutos antes de hacer su aparición las chicas, por la cintura de Héctor inquietándolo y avisándolo.
Arturo intentaba controlar los nervios que le causaba la presencia de Elvira enroscando y desenroscando una goma de pelo en sus dedos. El viento de Héctor se le enredó en su larga melena y deslizó su inconfundible y fuerte aroma hasta cuatro corazones pintados de rojo carmín que ya estaban frente a ellos.
Uno de ellos lo percibió con total claridad. Yaiza sintió que su bello se eriza, supo que algo “mas” ocurría, estaba ocurriendo o iba a ocurrir. Todos los síntomas de costumbre hicieron acto de presencia en ella; se alarmó, sus músculos se envararon, sus hondas pupilas se dilataron y su olfato se estremeció al percibir el aroma de una irascible e indomable melena. Sólo una cosa diferencio este conjunto de sensaciones del resto de ocasiones similares. Y fue el miedo.
Yaiza estaba esa noche más hermosa que nunca. Lo que llevaba en su interior la hacia florecer, sus sentidos despiertos le daban el aspecto de gata gris. Herida pero gata.
Las chicas se acercaron, se amontonaron los besos, los saludos y abrazos entre ellos, pero el interés, y los ojos de nuestra gata se habían posado en una espalda de tamaño incomensurable que en ese momento se inclinaba sobre Elvira para darle los dos besos de bienvenida.
Carla se dirigió a Yaiza y le presento a Héctor, el dueño de esos hombros vestidos de blanco.
Yaiza noto que se transformaba en un bloque de duro granito que ni tan siquiera los portentosos brazos de aquel chico que tenía delante podrían mover.
Completamente enajenada y confundida, saludó a Héctor como pudo, pero este apenas notó ninguna actitud extraña en ella, pendiente como estaba de su primo y del saludo más que afectuoso entre él y Elvira que tenía lugar a sus espaldas en ese instante.

Pero para Yaiza ya nunca, jamás, en su vida nada seria igual. Aquella tarde, aquella noche cambiaron todos los acontecimientos que pudieran haber tenido lugar en su extraña existencia. Elvira y Héctor. Héctor y Elvira. Dos nombres, dos rostros que habían penetrado como balas en su corazón y en su alma y que maltrataría a Yaiza mientras viviese, porque entre otras cosas, mientras viviese, intentaría por todos los medios decantarse por alguno de ellos aunque tan cruenta lucha solo tuviese lugar en su interior DE ICEBERG.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

"De lo Mejor y lo Peor " 5

PRIMERA PARTE

Capitulo 5; Héctor

Llevaba cerca de una hora delante del repleto armario pensando en todas las posibles combinaciones pero ninguna la satisfacía lo suficiente. Esta noche se trataba de asistir al cumpleaños del primo de Arturo. ¡No era cualquier cosa ¡. Necesitaba un modelito que no fuese provocativo, que no resultase anticuado, que se adaptase al grupo tan supuestamente selecto que asistiría al super cumpleaños. Esto ahora era algo complicado pues en los últimos tiempos se había dedicado a adquirir prendas muy deportivas y las que solía usar mas adecuadas a eventos sociales un tanto refinados, andaban ya en desuso.
Tampoco ayudaban las dudas y los nervios que la invadían.

Elvira, había accedido a ir a la cita después de unas cuantas insistentes llamadas de sus amigas alentándola a asistir, y porque Héctor se lo había rogado mil veces convenciéndola con la promesa de que no la atosigaría con sus antiguas peticiones. Además, y sobre todo, también sabia que Arturo no asistiría puesto que desde hacia 6 meses andaba perdido por Nueva York donde había ido a buscar trabajo de no se sabe muy bien qué después que ellos dos rompiesen hacia mas o menos un año.

A Héctor hacia mucho más tiempo que no lo veía. Se conocieron hacia cinco años, poco después de conocer a Arturo. Desde el principio estuvo claro que Héctor quedó prendado de Elvira nada mas verla, pero no hubo insinuaciones de ningún tipo puesto que quedaba patente que era por su primo Arturo por quien ella sentía pasión. Solo en una ocasión durante los 3 apasionados años que Arturo y Elvira estuvieron juntos, tras una dura y de contenido desconocida discusión, Elvira, confiada acudió a Héctor por consejo y consuelo. Este aprovechó la ocasión para informarla eso si, muy educadamente, de que si alguna vez, necesitaba de algo mas que un amigo, el aspiraba a ser el primero en su lista.
Elvira se sintió halagada por la corrección de formas de Héctor, aunque no por ello dejó de sorprenderse desagradablemente por la inoportuna e inadecuada sugerencia.

Durante todos los años que Elvira conocía a Héctor, este había dirigido su vida con absoluta firmeza y claridad e ideas. Héctor con 28 años era uno de los mejores científicos de su promoción. Ascendía en la empresa en la que trabajaba con rapidez y, cada vez más, sus conferencias sobre los estudios que realizaba de forma concienzuda y apasionada, eran más valoradas y respetadas por sus colegas. A casi todo el mundo le parecía un chico muy divertido con multitud de aficiones y una basta cultura que se obligaba a completar constantemente leyendo, viajando, estudiando... Disciplinadamente practicaba por lo menos, que Elvira conociese, tres deportes a la perfección. Uno de ellos le llamaba especialmente la atención a Elvira no sólo por lo inusual si no por la belleza estética que contenía. Había sido invitada en alguna ocasión a una muestra de esgrima y la elegancia que emanaba aquella disciplina, la atraía enormemente. Héctor estaba magnifico y resultaba mágico con el florín en la mano.

Sorprendía bastante diferencia entre los dos primos. ¡Tan diferentes¡
Los padres de Arturo y Héctor no se llevaban muy bien desde hacía años y Elvira desconocía exactamente la causa. Tampoco le interesaba en exceso y por ello nunca había insistido en recibir alguna explicación a la que por otra parte, se mostraban ambos primos bastante reacios en dar.

Eran las 9 de la noche y la cena estaba prevista para las 10. Aún tenía que arreglarse y llegar. Se trataba de uno de esos sitios que tanto gustaba la gente decir que visitaban pero de los que Elvira estaba algo cansada. Se estaba bien y se comía mejor, pero para una reunión de amigos, a ella se le antojaba demasiado frío y protocolario. Hubiese preferido algo mas informal, pero claro está, el cumpleaños no era suyo.

Finalmente y apremiada por el reloj, se decidió por un vestido negro hasta la rodilla, de hilo y con encajes en negro también, en escote y bajos. Estaba juvenil y elegante al mismo tiempo. Y por supuesto nada provocativa. Terminó de completar la vestimenta con unos tacones negros de charol, eye liner el los parpados, labios aterciopelados rojo escarlata y un toque de Diorissimo en la nuca.
Cogió un taxi. Aunque encontraron bastante trafico, el taxista fue lo suficientemente hábil para no hacerla llegar tarde, y lo mejo; no le obligó a mantener ningún tipo de aburrida conversación.

Algo después cerca de la piscina donde se celebraba un cumpleaños, un soplo de aire ardiente rodeó la cintura de Héctor entretenido en ese momento en presentar a dos amigos. Por un breve instante se sintió ligeramente mareado. Notó como incomprensiblemente se le erizaba el bello de todo apolíneo cuerpo y, sus sentidos se despertaban poniéndole en alerta ante algo que no tuvo tiempo de identificar cuando el aroma de Elvira le invadió dejándole casi sin respiración.
Ella estaba entrando por la arqueada puerta de madera de la finca flanqueada por dos jazmines que envolvían la noche de sedosa sensualidad.
Sin que nadie le avisase, Héctor se giró hacia la entrada y exhaló el poco aire que le quedaba aún en los pulmones quedando vitrificado por unos leves segundos, al verla recogerse el borde del vestido para no tropezar en las escaleras, con esa gracia que sólo había visto en ella. Sus ojos serpentearon por los acharolados tobillos de Elvira subiendo hacia las rodillas donde se perdía desgraciadamente la blanca visión.
Ella, aún con la mirada en las escaleras se alarmó como se alarma una presa que sabe del leopardo que la huele. Alzó su cuello de gacela y sin buscarlo, al recoger los parpados, sus pupilas se tropezaron ahora sí, no con los escalones que torturaban sus más que tensos nervios, sino con el negro profundo de los ojos de Héctor que, con una media sonrisa ladeada la devoraba con la vista.
Elvira cruzaba la puerta del sitio, y Héctor sintió un pellizco en el estomago que ya conocía y que no había sido invitado. El pulso se le aceleró y se distrajo de la conversación que intentaba mantener. Pero eso no fue nada comparado con el desorden físico y mental que se produjo en él al recibir como un mazazo la cálida sonrisa que acompañó a la felicitación de Elvira
- Felicidades Héctor - saludó Elvira aparentemente segura y acercándosele ligeramente a darle dos castos besos en las mejillas.
- Gracias. Esta preciosa. –acertó a pronunciar Héctor - Me alegro que hayas decidido finalmente asistir. Me alegro sinceramente Elvira. ¿Cómo estas?
- Muy bien. –sonrió ella - A ti te sientan divinamente los años, Pareces como siempre mayor. Casi diría que… tienes más de 30 -comentó jocosamente ella - Y ese traje es realmente espectacular. Te felicito.
- Gracias. –replicó algo azorado- Ven, te presentaré a unos amigos. ¿Has podido ver ya si han llegado tus amigas?
- No, no lo he comprobado aun, Héctor. Acabo de llegar. Pero si que he podido comprobar que tal y como imaginaba, esta todo precioso. ¡Ah! Disculpa,.. que despistada estoy… tu regalo. Espero te guste .Ya sabes que es muy difícil comprarte algo que no tengas.
- Elvira… - replicó Héctor verdaderamente emocionado - con tu presencia es más que suficiente. Lo sabes. – le dijo mirándola fijamente a los ojos sin ningún afán conquistador, tan sólo admirado -
- ¡Oh!.. Mst. Buble… muy acertado. – dijo Héctor al descubrir el regalo - Creo que a mis anestesiados pacientes les va a encantar. Muchas gracias. No sabia que conocías mi gusto por este tipo de música. Veo que eres observadora.
- Bueno, pedí consejo- dijo Elvira mintiendo- y si, pensé que como te gusta poner música mientras haces esas asquerosas disecciones…
Una voz honda y de acento extranjero interrumpió el dialogo.

- ¡Héctor¡- saludó un joven de larga melena rubia -… Felicidades doctor, ¿como estamos?..umm y… ¿quien es tu preciosa acompañante? –preguntó mirando descaradamente la cintura de Elvira
- Se llama Elvira. –respondió Héctor algo incomodo por la mirada y la presencia de su invitado - Es una vieja conocida, y amiga de mi primo Arturo. ¿Conoces a Arturo, verdad? – contesto Héctor a sabiendas de que su primo imponía algo así como un cierto respeto y desagrado al mismo tiempo entre sus conocidos y amigos-
- Encantada,- saludó cortésmente Elvira sin quitar ojo a Héctor que resultaba estar mejor que nunca. Había engordado o ensanchado, no sabría decirlo, y con la piel morena y los rizos del pelo algo más largos resultaba realmente arrebatador pareciendo un galán de Holiwood…
- Si me disculpáis creo que he visto a Sacha y voy saludarla. – dijo de repente Elvira -Nos vemos mas adelante, ¿verdad?. - Preguntó a ambos, y se despidió con un sencillo gesto de cabeza sin esperar respuesta-

Héctor y su acompañante quedaron con la mirada enganchada de las caderas de Elvira durante unos breves segundos y, a continuación, recobrando la compostura, conversaron un rato sobre temas variados. Aunque Héctor hablaba y hablaba, entrenado como estaba para ello desde su niñez, no sabia bien lo que decía ni de que podían estar tratando, teniendo la mente como la tenía en lo hermosa que estaba la mujer de su vida, en el timbre de su voz, que le hacia cosquillas en la nuca, engrosado y dulcificado con el tiempo, en sus formas al andar de yegua árabe, en la elegancia innata al tender su delicadísima mano de porcelana. No había podido apartarla de su corazón en cinco años. Cuando Elvira irrumpía en su vida era como si llegase un elefante a una cacharrería. Todo lo ponía del revés. Y, ahora después de verla de nuevo, sabía que incumpliría la promesa que le hizo para convencerla de que viniese a su cumpleaños.

Eran las 4 de la madrugada cuando Elvira acompañada de su hermosa amiga Yaiza, decidió que había sido suficiente. Y, aunque la fiesta no había decaído ni un ápice, ellas estaban algo cansadas y se disponían a marcharse a casa, no si antes realizar la acostumbrada rueda de despedidas dejando para el final al anfitrión. Así, mientras Yaiza anotaba el teléfono de una chica con la que había estado coqueteando toda la noche, Elvira se dirigió hacia Héctor. Este volviendo a presentir su cercanía, se giró justo en el momento en que ella le iba a dirigir la palabra.

- Bien, nosotras nos marchamos. Muchísimas gracias por todo. Una fiesta espectacular. De las mejores que recuerdo, en serio. –dijo Elvira pasándole una mano suavemente por el brazo a Héctor en señal de afecto -
- ¿Ya te vas? ¡No!.. es pronto aun.- respondió Héctor desagradablemente sorprendido por la marcha de Elvira sin que hubiesen tenido ocasión de hablar a solas ni un momento - No se marchado nadie. ¿Vais a ser las primeras? –lloriqueó intentando convencerla para que se quedase un rato más -
- Si, como te digo, estoy un poco cansada y mañana si nada lo impide salgo para Florencia.
- ¿Y eso? No me habías comentado nada antes… - dijo él visiblemente trastornado por la noticia-
- Bueno, no hemos tenido ocasión, francamente.- sonrió bajando los ojos tenuemente ruborizada Elvira - Pero sí, marcho con una beca. Se trata de visitar ciertos centros para estudiar e intercambiar documentación con unos compañeros y profesores de allí que estudian también el mismo tema que el mío. Promete ser interesante, pero solo estaré dos semanas. Es una estancia muy corta.
- Parece interesante. Espero que sea además provechoso. – replicó serio Héctor –
Elvira.- dijo, haciendo una pausa para reunir fuerzas y, mirándola a los ojos ahora color miel - No me has contado nada de ti. ¿Cómo te va? En serio… me gustaría volver a vernos y charlar como viejos amigos que somos, ¿No crees que seria buena idea?
- Héctor, - dijo algo intimidada pues no se esperaba esta embestida tan directa - no se… la verdad es que estoy muy ocupada con los estudios...y bueno, tampoco creo que sea buena idea. –esgrimió como pudo balbuceando apenas las palabras -
- Si que lo es Elvira. Lo es. –El tono de su voz se había vuelto firme y seguro. - ¡Por lo que mas quieras Elvira¡ No seamos crios. ¿Qué pasa? Estas sola. Hace meses que no estas con el indeseable de mi primo. ¿Qué hay de malo en que salgamos?
- Pues…- intentó defenderse ella sin éxito -
- ¡Nada¡ ¿Ves? Elvira, déjame intentarlo. –aquello no sonaba a petición sino mas bien a orden. Dulce, pero orden -Te prometo que no te dañaré. Dame una oportunidad. Esta es la nuestra. No pierdes nada. En cuanto tú digas que no funciona, me iré sin rechistar. Tienes mi palabra. Pero intentémoslo. Se que lo has pensado. Si no, no hubieses venido.
- Héctor… yo… no estoy segura. Hace muy poco… y no quiero …
- ¡Nada¡ ¡Hace muy poco de nada¡ - levantó la voz Héctor mientras se alejaba discretamente del grupo - Eso no iba ninguna parte. ¡Lo sabia todo el mundo menos tu, Elvira¡- calmó ahora el tono - He esperado cinco años en la sombra amándote. No me impidas que lo diga ahora. – le dijo poniéndole un dedo en los labios y silenciando su replica - No puedo más. Te lo había prometido, pero verte…es superior a mis fuerzas. Quemas mis defensas, acabas con la poca resistencia que me queda después de verte aparecer como una estrella por esa puerta. Sabes que te daré lo que me pidas. Conmigo lo tendrás todo, Elvira. Todo mi amor, todo mi respeto, toda la vida que te mereces. Elvira, dime que tengo que hacer y lo haré. ¡Lo sabes¡ ¡ Matare si hace falta¡ Pero te quiero a mi lado¡ ¡Ahora, Elvira¡

Detrás de un jazmín, una chica de pelo corto, morena de piel y delgada como una espiga, observaba la escena desde hacia unos minutos, interpretando correctamente lo que aquellos dos se decían. Guardó el bolígrafo y el papel con el teléfono de aquella pesadísima rubia y se concentró en intentar oír algo. Su gesto, serio, dolido y comprimido no dejaba lugar a dudas sobre la batalla de sentimientos encontrados que se libraba en su interior. Instantáneamente, al ver que Elvira se giraba despidiéndose finalmente de homenajeado, sonrió como si nada pasase, se recompuso y salió de detrás del jazmín esperando que Elvira se acercase para salir juntas de la fiesta.

- Disculpa Yaiza, me he entretenido demasiado. –se disculpó Elvira algo turbada - Nos marchamos ya. ¿Tú has terminado?
- Si, claro, pero no te disculpes. Es normal. ¿Vamos? Te llevo yo, no pidas taxi. – respondió Yaiza observando la turbación de ella y jurándose en su interior que la próxima vez que viese esa expresión el rostro de Elvira sería por ella -
- ¡Ah¡ Pues mucho mejor. Estoy algo mareada. – respondió ella sin percatarse de nada de lo que ocurría en el tumultuoso interior de su amiga -

Esa noche, Elvira con el móvil en la mano, desmaquillada ya y sentada en la cama, escribió 7 mensajes que borró uno tras otro. Finalmente, ya casi de madrugada, se incorporó nuevamente en la cama, cogió el teléfono y pulsó “enviar”.
Y cerró lo ojos con fuerza encomendándose a cualquier santo que quisiera ayudarla.

El mensaje enviado decía:


A las 12:00 en el aeropuerto.
Enviar a: Héctor.